El derruido pabellón Marcol albergó pasajes históricos del balonmano valenciano
Nada hacia presagiar que un humilde negocio de lanas y medias sería el embrión del más importante club deportivo de balonmano de Valencia de los años sesenta y setenta.
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La empresa Lanas Aragón empezó su andadura en un bajo situado en la calle Aragón, fruto del empeño y vocación comercial de su dueño, Ernesto Martínez Colomer. Al igual que se diversificó y creció el comercio textil, aumentó la faceta deportiva que la empresa quiso impregnar a sus trabajadores. Una actividad extra laboral con tantos adeptos que forzó la construcción de una cancha. El año 1964 se levantó el pabellón Marcol en la calle Castilló de Benisanó, en Nou Moles.
‘Éramos una empresa muy deportista. En un principio participábamos en torneos y competiciones que se disputaban entre las tiendas en las disciplinas de fútbol, baloncesto y balonmano’, explica Ernesto Martínez-Colomer, hijo del fundador de la empresa.
A lo largo de treinta años, el negocio de la familia Martínez Colomer se ramificó. Un entramado empresarial que supo combinar el puro negocio con una gran labor social. ‘Hacíamos fiestas y excursiones, pero al final la plantilla creció tanto que resultaba imposible reunir a todos’, comenta Martínez-Colomer.
La gran fraternidad que existía entre los trabajadores perduró sobre todo en el ámbito deportivo. ‘En el equipo había retirados del fútbol, aficionados y gente que había jugado en el Levante UD juvenil. Éramos un equipo, pero también grandes amigos’, subraya Martínez-Colomer.
La cancha para los trabajadores del Marcol se ubicó en el barrio de Nou Moles, en la confluencia de las calles Burgos, Luis Lamarca y Castillo de Benissanó, anexo a las viviendas que Martínez Colomer construyó para sus empleados. ‘En realidad el solar donde se proyectó la cancha iba a servir para ampliar la obra y construir más viviendas para los empleados, pero necesitábamos un espacio para jugar’, explica Martínez-Colomer.
La instalación era simple: una cancha con porterías y canastas plegables, junto con servicios, un bar y vestuarios. En aquellos años, propietarios y empleados compartieron el mismo equipaje y la misma afición al deporte. Martínez-Colomer recuerda la mala publicidad que cosecharon entre los equipos a los que se enfrentaban. ‘Cuando salíamos a jugar a fútbol todos querían vencer al Marcol. Nos ganamos la antipatía de la gente y decidimos que sólo seguiría la sección de balonmano, que era la que mejor iba’.
Se recurrió entonces a los fichajes y, cuando el equipo de balonmano subió a división de honor, ‘nos obligaron a cubrir la cancha’, explica Martínez-Colomer. Nacía el pabellón Marcol y bajo ese techo, el equipo empezó a cosechar un éxito tras otro. ‘Fue el primer pabellón cubierto de Valencia y a su inauguración asistieron multitud de personalidades, entre ellas Juan Antonio Samaranch, ex presidente del Comité Olímpico Español’, comenta el empresario.
La ciudad se volcó con el equipo de balonmano, que dos años consecutivos disputó la final de la Copa del Generalísimo contra el FC Barcelona. En el primer encuentro, celebrado en 1971 en Pamplona, se alzó con el trofeo. ‘Supongo que ese año les cogimos por sorpresa’, comenta Martínez-Colomer.
El año 1982, Rumasa adquirió a través de su filial Galerías Preciados el 50% de Marcol, S.A., una fusión que acabó con el equipo porque, según Martínez-Colomer, ‘decidieron deshacerse de él y tuvimos que alquilar el pabellón’. Empezó entonces la explotación del centro para fútbol-sala de la mano de los hermanos Matosa. El Vijusa sería el último equipo que pisaría la cancha. En 2002 se cerraron sus puertas.
Tras su abandono, el pabellón pasó a ser el principal dolor de cabeza de los vecinos de Nou Moles. De albergar verdaderas glorias del balonmano, a vertedero, parking y vivienda para algunos indigentes.
El Ayuntamiento adquirió el pabellón en 2007, después de la permuta de terrenos que firmó con los propietarios. La petición de los vecinos de demoler el pabellón y construir uno nuevo se hizo realidad el pasado miércoles. Hace días sus muros pasaron a la historia.
Un nuevo complejo deportivo ocupará su lugar. ‘Es una pena que lo hayan demolido, porque se construyó en una época memorable para la familia y lo hicimos por Valencia. Aunque se destruya, quedará intacta la proeza del Marcol de balonmano’, comenta Martínez-Colomer.
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