El grupo municipal socialista en el Ayuntamiento de Valencia lamentó este sábado el “estado ruinoso” en el que se encuentra la alquería de Julià, situada en la calle Castañ Tobeñas del barrio de Nou Moles, e instó a la alcaldesa de la ciudad, Rita Barberá, a intervenir urgentemente y adoptar las medidas necesarias para evitarlo. El edil del PSPV Juan Soto manifestó, en declaraciones a Europa Press, que el “abandono” en el que se encuentra este edificio, en la actualidad propiedad de Bancaixa, es “inadmisible”, al tiempo que censuró el “desinterés, tanto de la Generalitat como del Ayuntamiento en su conservación”.
ALQUERIA JULIÁ
De estilo barroco-clasicista, el inmueble destaca por su sobriedad y su torre cuadrada, de dos pisos, que se habilitó para servir de alojamiento de grandes personajes. Isabel II y San Vicente Ferrer, fueron algunas de las figuras históricas que, según cuenta la tradición, se alojaron en esta alquería.
| Tipo: |
BIC Monumento |
| Época: |
XVII
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Expediente incoado como BIC. Resolución de 12-05-78 (BOE nº 152 de 27-06-78).
En una de las antiguas zonas huertanas inmediatas a la ciudad de Valencia, que luego fue suburbio y, se integra hoy en la retícula urbana, aunque inmediata al muncipio de Mislata, se ubica esta Alquería, o Huerto de Julià, con deterioros no sustanciales en el edificio, que ocupa 641 metros cuadrados, y daños apreciables, al parecer definitivos, en el terreno contiguo, anejo, de unos 2.000 metros cuadrados, importante ciertamente en el conjunto monumental, tanto que permitió llamarle, indistintamente, huerto o Alquería de Juliá.
El conjunto constaba de un edificio y un jardín inmediato a la vivienda. El jardín tenía un laberinto y una glorieta alrededor de la cual se disponían setos cuadrangulares. Tras el jardín existía una terraza, y a continuación un huerto con un camino central bordeado de emparrados y en la zona más alejada de la vivienda un pinar resto de la gran pinada Moyá de Campanar. En la actualidad solo se conserva la alquería, habiéndose perdido el huerto y el jardín. El edificio, que se puede considerar como uno de los escasos ejemplares conservados de alquería valenciana del siglo XVII.El edificio tiene una dominante estilística barroco-clasicista, o quizás tardo-herreriana, de gran sobriedad, no obstante la bella portada barroca, de frontón partido sobre pilastras estriadas y sobre el cuerpo del edificio un ático de barandal con bolas pináculos segmentados. La línea estética del edificio y aún este mismo se singulariza por la descollante torre cuadrada de dos pisos que, con los otros dos del palacete, todos de techo alto, elevan la terraza o azotea a una altura, para su tiempo relativamente considerable, que el aislamiento circundante hacía más sensible y útil en las circunstancias en que tal torre fue utilizada, algunas de las cuales se reseñan, pues, precisamente, esta torre, o torreta, fue asiento de algunos de los sucedidos históricos que tuvieron lugar en la Alquería.
Consta de planta baja y primer piso y coincidiendo con el eje de la puerta principal una torre de dos alturas. La puerta principal tiene una sencilla embocadura de piedra y sobre ella está el único balcón del exterior, ya que el resto de los vanos son ventanas. En el balcón el vano se desarrolla a modo de portada con pilastras estriadas en los lados, sobre las que se sitúan ménsulas que sustentan un entablamento, en cuya pare superior se sitúa en frontón partido que alberga una venera. En la fachada recayente al jardín se abre una portada columnas corintias sobre las que se sitúa un entablamento muy resaltado, con un frontón curvo en la parte superior. El edificio esta rematado con pirámides y bolas. Al interior se dispone un zaguán con arco rebajado en el centro. Las habitaciones de planta baja están cubiertas con vigas de madera. En esta planta se desarrolla un zócalo de azulejos de finales del siglo XVII; en la entrada se representa, también en azulejería, un Eccehomo según la iconografía tradicional. Las distintas dependencias de la planta superior conservan las decoración de los techos a base de molduras geométricas y conchas en las esquinas. Cabe destacar una de las estancias cubierta con un esgrafiado con motivos vegetales y fantásticos, siendo uno de los pocos ejemplos que se conservan en interiores de viviendas, buena muestra del florecimiento de esta técnica en la Valencia de finales del siglo XVII.
Históricamente, tiene un pasado rico en hechos reseñables, de diversas índole y aún contrario signo: en la azotea de la torre estuvo el mariscal napoleónico Luis Gabriel de Suchet, luego Duque de Albufera, dirigiendo las operaciones del ataque a la ciudad que acabó con la ocupación de la misma; más tarde, en 1837, el pretendiente al trono de España, Carlos María Isidro “Carlos IV”, contempló la ciudad, inalcanzable, que sus vanguardias no llegaron a expugnar. Y en 1840, Isabel II y su hermana pasaron allí, la tarde histórica del 17 de octubre en que tuvo lugar, en otro monumento valenciano, el Palacio de Cervellón, la renuncia de su madre, la reina gobernadora, María Cristina de las Dos Sicilias, viuda de Fernando VII, a los poderes que ejercía.
Posteriormente, en la torre, Juan Solís realizó ensayos de comunicación inalámbrica con el centro de la ciudad. Y en otro orden de cosas, en la Alquería, según la tradición, predicó junto a una encina de su “huerto”, San Vicente Ferrer. Otra especie arbórea del mismo dio pie muy posteriormente, en la tercera década del siglo XX, al título y al tema de la novela del Marqués de Lozoya, de ambiente valenciano “La Alquería de los cipreses”.
Por todo ello, enlazadas arquitectura y otras artes, historia y tradición, motivaron y justificaron la propuesta, en su día, de Declaración de Monumento Histórico-Artístico, a favor de la Alquería de Juliá, de la ciudad de Valencia, sita en las calles de Castañ Tobeñas, Velázquez y Paseo de la Pechina.
http://www.panorama-actual.es/noticias/not225339.htm